La grasa se lleva con hidalguía


Les dejo un post que encontré en el sitio Somos Distintas.com, donde hablan de la esclavitud de las dietas y lo terrible que es estar privándose todo el rato de la comida. Está re bueno, y aprovechen de darle una mirada al sitio.

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Enjoy!

La grasa se lleva con hidalguía

Ya lo decía Audrey Hepburn: “las chicas felices, son las más lindas”. ¿Y quién soy yo para contradecir a uno de los íconos de belleza del siglo veinte?

Cuando llega el verano y veo revistas femeninas vender miles de ejemplares que llaman a probar la dieta milagrosa de moda, o a comprar las pastillas mágicas que te harán bajar de peso; o a miles de mujeres que antes de echarse un bocado cuentan mentalmente cuántos kilómetros deberían correr para eliminar ese trozo de chocolate de su sistema; creo que sufrimos.

Cada vez que una mujer deja de comer torta en su cumpleaños, o prefiere no almorzar para tomarse un cocktail por la tarde; creo que sufrimos. Y cuando veo a una mujer rellenita, con la cara desfigurada aguantando la respiración para entrar la panza en la pasarela de la fila del banco, se me cae la cara de tristeza.
Y es que no puedes ser feliz si estás el día entero preocupada de la talla del pantalón, no puedes ser feliz si no eres capaz de disfrutar de los espacios sociales que hacen de la comida y el ocio, lugares de cercanía y amistad. No puedes ser feliz bajo la dictadura del centímetro de cintura.

No creo en los excesos, creo que comer no hace mal, lo que hace mal es alimentarse de forma exclusiva de cosas poco saludables de forma sistemática y permanente. No creo que unos kilos demás deban ser motivo de estrés o depresión, y si lo que nos preocupa es gustarle a los hombres, pues que se vayan a la mierda aquellos para los cuales la grasa no puede llevarse en su justa medida y con hidalguía.

Y claro que una quiere verse bien, y busca trucos en la ropa, en los colores, en los cortes; para hacer que tu figura se vea lo más armónica posible; pero de ahí a sufrir, a no compartir, a decir siempre que no a la oferta de postre; eso me parece un abuso de nuestra fuerza de voluntad, un desprecio a la capacidad natural de disfrutar y apreciar la vida desde el sentido del gusto.

Que el sentido de la vista no nos nuble. Dejemos de obedecer al tirano del espejo, y juguemos a ser reinas sin privaciones. Supongo que para eso necesitamos algunos príncipes menos convencionales, y confío en que, en la medida que seamos más seguras desde la naturalidad del cuerpo, ellos aprenderán a apreciar lo sexy de la curva generosa y decidirán preferir la agarradera multiuso.

Por: Bernardita Ruffinelli

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